
Hace algunos años tuve el gran privilegio de ser rebautizado en varias ocasiones por un genio de las ondas. Juan Antonio Cebrián, un hombre que afirmaba ser «feliz como una lombriz», era capaz de dignificar todo lo serio mediante un fino sentido del humor que ha permitido, entre otras cosas, amar la Historia a muchos que de otro modo no se hubieran interesado por ella. El primer «personaje» que me asignó fue el Profesor Bacterio, en recuerdo del genial personaje de Francisco Ibáñez. El segundo, más reciente, fue fray Juan Ignacio de la Cuesta, el esforzado asceta-eremita que contaba cosas de sitios y luego entonaba alguna canción –¡Como le gustaban las que eran en latín!–. Por eso he decidido que este portal, dedicado en parte a mantener su obra, y en parte a difundir la mía, se llame de ese modo. Bienvenidos a vuestra casa. Juan Ignacio Cuesta Millán - Fray Juan Ignacio, la quinta «C» |